viernes, 24 de junio de 2011

Camarieri, camarieri

En todas las bodas hay siempre un camarero con cara de malas pulgas, que te muestra el colmillo cuando te acercas a "su" barra. Es el que te lanza miradas de odio cuando pides otro cubito de hielo, el que te ignora cuando le informas que está sirviendo refrescos desbravados o el que desvía su atención hacia el surtidor cuando se acerca alguien que detecta va a darle un poco más de trabajo del habitual. Sin duda alguna la Física Cuántica o el arte abstracto perdió a un gran elemento el día que tuvo que decidir ponerse la pajarita, pero nosotros no tenemos la culpa. Que se relaje, porque le va a dar un ataque de úlcera antes que nos dé tiempo de pedir la tercera cerveza de la noche. Si puede ser, fría, por favor, y no me lance el tapón al ojo derecho...

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